Saltar al contenido

VO₂ máx: el indicador de salud y longevidad que deberías empezar a entrenar hoy

enero 19, 2026

Durante años, cuando hablábamos de salud, la conversación giraba casi siempre en torno al peso, el colesterol o el porcentaje de grasa corporal. Sin embargo, cada vez más investigaciones coinciden en que existe un marcador mucho más potente para predecir cómo vamos a envejecer y cuál será nuestra calidad de vida: el VO₂ máx.

El VO₂ máx, o consumo máximo de oxígeno, representa la mayor cantidad de oxígeno que tu organismo puede captar, transportar y utilizar durante un esfuerzo intenso. Aunque tradicionalmente se ha asociado al rendimiento deportivo, hoy sabemos que su importancia va mucho más allá del deporte. Se trata de un reflejo directo del estado de tu sistema cardiovascular, respiratorio y metabólico, y uno de los mejores indicadores globales de salud.

Índice

Qué es exactamente el VO₂ máx y qué nos dice sobre nuestro cuerpo

El VO₂ máx se expresa normalmente en mililitros de oxígeno por kilogramo de peso corporal y por minuto. Dicho de forma sencilla, mide cuánta energía puede producir tu cuerpo utilizando oxígeno cuando se le exige al máximo.

Para que ese oxígeno llegue a las células y se transforme en energía, intervienen varios sistemas de forma coordinada: los pulmones, el corazón, los vasos sanguíneos, la sangre y las mitocondrias de los músculos. Por eso, cuando el VO₂ máx es bajo, no suele fallar solo una pieza, sino todo el engranaje.

A diferencia de otros marcadores aislados, el VO₂ máx ofrece una visión integrada del funcionamiento del organismo. Esto explica por qué se considera un predictor tan potente de salud y por qué niveles bajos se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, metabólica y mortalidad por cualquier causa.

Esquema “Del oxígeno al músculo”
El VO₂ máx depende de la capacidad del organismo para transportar oxígeno en la sangre y liberarlo eficazmente en el músculo.


VO₂ máx y longevidad: por qué no es solo cosa de atletas

Uno de los aspectos más interesantes del VO₂ máx es su relación con la esperanza y la calidad de vida. Estudios observacionales a gran escala han mostrado que las personas con una baja capacidad cardiorrespiratoria tienen un riesgo de mortalidad significativamente mayor que aquellas con niveles moderados o altos, incluso cuando se ajusta por otros factores como el peso o el tabaquismo.

Lo más relevante es que no hace falta alcanzar valores propios de atletas de élite para obtener beneficios. Pequeñas mejoras en el VO₂ máx se traducen en reducciones importantes del riesgo de muerte prematura. En otras palabras, pasar de estar en el grupo “bajo” al “medio” ya supone un salto enorme a nivel de salud.

Esto cambia por completo la forma de entender el ejercicio. El objetivo no debería ser solo quemar calorías o perder peso, sino mejorar la capacidad del cuerpo para utilizar oxígeno de forma eficiente. Esa capacidad es la que nos permite subir escaleras sin ahogarnos, recuperarnos antes del esfuerzo y mantener independencia funcional con el paso de los años.

Cuanto mayor es el VO₂ máx, mayor es la probabilidad de supervivencia a lo largo de los años, incluso comparando personas del mismo grupo de edad.

Cómo se mide el VO₂ máx y qué alternativas existen

La forma más precisa de medir el VO₂ máx es mediante una prueba de esfuerzo con análisis de gases en laboratorio. Durante esta prueba, la intensidad del ejercicio aumenta progresivamente hasta el agotamiento mientras se mide el oxígeno inhalado y el dióxido de carbono exhalado.

En la práctica diaria, la mayoría de personas no accede a este tipo de pruebas. Por eso existen métodos indirectos que permiten estimar el VO₂ máx con bastante fiabilidad. Entre ellos destacan pruebas de campo como el test de Cooper o el test de Course Navette, así como estimaciones realizadas por relojes deportivos y pulsómetros avanzados.

Aunque estas estimaciones no son perfectas, resultan muy útiles para seguir la evolución a lo largo del tiempo. Al final, lo más importante no es el número exacto, sino la tendencia: si mejora, empeora o se mantiene estable.

Evaluación del VO₂ máx mediante prueba de esfuerzo cardiopulmonar con análisis de intercambio de gases.

Qué factores influyen en el VO₂ máx

El VO₂ máx está determinado por una combinación de factores genéticos y ambientales. La genética marca un techo teórico, pero el estilo de vida y el entrenamiento determinan en gran medida dónde nos situamos dentro de ese rango.

La edad es otro factor relevante. El VO₂ máx tiende a disminuir con los años, especialmente a partir de los 30–35 si no se entrena de forma específica. Sin embargo, esta caída no es inevitable. Personas activas que entrenan correctamente pueden mantener valores muy superiores a la media de su grupo de edad.

El nivel de actividad física, la calidad del entrenamiento, el descanso y el estado de salud general influyen de forma directa. Incluso aspectos como el estrés crónico o el sedentarismo prolongado pueden reducir la capacidad cardiorrespiratoria de forma silenciosa.

Entrenar para mejorar el VO₂ máx: lo que realmente funciona

Aunque cualquier actividad física es mejor que ninguna, no todos los tipos de ejercicio tienen el mismo impacto sobre el VO₂ máx. Para estimular mejoras reales, el cuerpo necesita enfrentarse a intensidades suficientemente altas como para desafiar al sistema cardiovascular.

Entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT)

Los entrenamientos por intervalos de alta intensidad se consideran una de las estrategias más eficaces para aumentar el VO₂ máx. Consisten en alternar periodos de esfuerzo elevado con fases de recuperación activa o descanso.

Este tipo de estímulo obliga al corazón a trabajar cerca de su capacidad máxima, mejora el volumen sistólico y favorece adaptaciones tanto centrales como periféricas. Además, tiene la ventaja de ser eficiente en tiempo, algo clave para personas con agendas ajustadas.

Un ejemplo clásico es el protocolo 4×4: cuatro intervalos de cuatro minutos a una intensidad alta, intercalados con recuperaciones activas. No obstante, existen múltiples variantes que pueden adaptarse al nivel y preferencias de cada persona.

El entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT) alterna esfuerzos muy exigentes con fases de recuperación y es una de las estrategias más eficaces para mejorar el VO₂ máx.
https://www.frontiersin.org/files/Articles/279839/fphys-08-00562-HTML/image_m/fphys-08-00562-g001.jpg
Recuperación de la frecuencia cardíaca (HRR) tras intervalos de intensidad creciente. Una mayor caída de la frecuencia cardíaca durante la recuperación se asocia con mejor condición aeróbica y mayor VO₂ máx.

Trabajo aeróbico continuo

El ejercicio aeróbico continuo a intensidad moderada también contribuye a mejorar el VO₂ máx, especialmente en personas sedentarias o principiantes. Caminar rápido, correr suave, nadar o pedalear durante periodos prolongados ayuda a construir una base aeróbica sólida.

El papel del entrenamiento de fuerza

Aunque a menudo se pasa por alto, el entrenamiento de fuerza puede influir de forma indirecta en el VO₂ máx. Al mejorar la economía de movimiento y la capacidad muscular, el cuerpo utiliza el oxígeno de forma más eficiente durante el ejercicio cardiovascular.

Recuperación, constancia y progresión

Mejorar el VO₂ máx no es cuestión de entrenar al límite todos los días. De hecho, someter al cuerpo a esfuerzos máximos de forma continua suele conducir al estancamiento, al sobreentrenamiento o incluso a lesiones. Las adaptaciones que permiten mejorar la capacidad cardiorrespiratoria no se producen durante el esfuerzo en sí, sino durante la recuperación posterior, cuando el organismo asimila el estímulo y se vuelve más eficiente.

La clave está en combinar de forma inteligente estímulos intensos, que desafíen al sistema cardiovascular y empujen el VO₂ máx hacia arriba, con sesiones más suaves, que favorezcan la base aeróbica y la recuperación activa. Este equilibrio permite entrenar con regularidad sin acumular una fatiga excesiva, algo fundamental para mantener la constancia a largo plazo. Sin constancia, no hay progresión real.

Además, la progresión debe ser gradual. Aumentar poco a poco la intensidad, la duración o la complejidad de los entrenamientos permite que el cuerpo se adapte sin estrés innecesario. Respetar los días de descanso real, dormir lo suficiente y escuchar las señales de fatiga no es perder tiempo, sino parte esencial del proceso. En este contexto, mejorar el VO₂ máx no consiste en hacer más, sino en hacer lo justo y de forma sostenida, permitiendo que cada sesión sume y que el progreso se mantenga con el paso de las semanas y los años

Conclusión

Aumentar el VO₂ máx va mucho más allá de mejorar el rendimiento en carrera, ciclismo o cualquier otro deporte. Se trata de uno de los marcadores fisiológicos más sólidos de salud global y longevidad, ya que integra el funcionamiento del corazón, los pulmones, el sistema vascular y la capacidad del organismo para producir energía de forma eficiente. Una mayor capacidad cardiorrespiratoria se asocia de forma consistente con una menor mortalidad por todas las causas, un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y una mejor tolerancia al estrés físico y metabólico a lo largo del tiempo.

En la práctica, un VO₂ máx más elevado se traduce en más energía en la vida cotidiana, menor sensación de fatiga y una mayor capacidad de recuperación tras el esfuerzo. Actividades habituales como caminar rápido, subir escaleras o mantener un ritmo activo durante el día resultan menos exigentes, reduciendo el desgaste fisiológico acumulado que acompaña al envejecimiento. Con el paso de los años, esta mayor eficiencia cardiovascular actúa como un factor protector clave para preservar la autonomía funcional, la movilidad y la independencia.

La buena noticia es que el VO₂ máx no es un valor fijo ni exclusivo de la juventud. Puede mejorarse a cualquier edad mediante un entrenamiento bien planteado que combine intensidad suficiente, constancia y una adecuada recuperación. Cada pequeña mejora supone una ganancia real en salud y resiliencia. Por eso, invertir en mejorar el VO₂ máx no es solo una estrategia para rendir mejor hoy, sino una decisión consciente de cómo queremos envejecer: con más vitalidad, mayor independencia y una mejor calidad de vida a largo plazo.

Ajustes